El queso y los gusanos

Por Sopenilla
El nombre de Carlo Ginzburg figura, desde 1976, entre los renovadores del quehacer histórico. La culpa de este reconocimiento científico la tuvo la publicación, en esa fecha, del proceso inquisitorial al que se vio sometido un molinero del Friuli a finales del siglo XVI. Dejando a un lado la particular cosmovisión de Menocchio, como se llamaba el acusado ante el Santo Oficio, la obra resultó un ‘boom' historiográfico por alumbrar el nacimiento de un nuevo paradigma para explicar el pasado: la ‘microhistoria'.

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