Lo prendió fuego por no jugar a la pelota




Dos Ríos, ni ciudad ni pueblo ni barrio: paraje. Ahí sobre la ruta E66, a la altura de Acochinga, Córdoba, Argentina.

El sol recién escondido. Ocho de la noche. El peladero de pollos, ya fantasmagórico, separaba las dos familias sentadas afuera, mate y fuego en un silencio salvaje.