La indefinición contra la cuadrícula

Dos jóvenes jugadores llegaron de la mano al Inter de Ronaldo. Uno espigado, potente, al que se le advertían maneras para ser un Toto Schillacchi del siglo XXI. Adquirió pronto un rol de jugador de banquillo, de segundas partes, que pronto se diluyó para ir trotando de equipo en equipo y, pese a que en determinados momentos pareciera que iba a ser un jugador aprovechable, se quedó en un Michele Padovano de medio pelo: oportunista, pero con una aportación al juego demasiado restringida a su puesto y con unos promedios insuficientes.

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